
El primer motivo de pérdida de donantes en todo el mundo es no detectar las personas que podrían serlo. Los coordinadores son los profesionales más próximos a esas personas. Por tanto, representan a quienes más pueden hacer por aumentar el número de donaciones.
La obtención de órganos es siempre una cadena de acontecimientos, bajo el riesgo de que se acabe rompiendo por el eslabón mas débil. Nada puede quedar en manos de la improvisación. Convertir cada posibilidad en una realidad es tarea de muchos. Dirigiendo ese proceso, persona a persona, vida a vida, encontraremos siempre al que es el verdadero motor de todo el sistema: el coordinador de trasplantes.
Entusiasmo, creatividad, espíritu de equipo, ánimo de lucha pese a las incomprensiones, fuerza para superar las adversidades, generosidad con el compañero, humanidad, cariño con los familiares de los donantes y con los receptores…Todas estas cualidades humanas encierra un coordinador. No son héroes, pero tampoco todos valen para ser coordinador. Y los elegidos, ni siquiera lo valen para siempre.
El coordinador tiene un ciclo de vida profesional variable pero que en muchas ocasiones es corto. No es fácil en medio del dolor de una familia apelar a la solidaridad. Esta y otras circunstancias provocan una sobrecarga psicológica que suele poner fin a la tarea del coordinador. Puede acabar quemándose. Cuando la situación se deteriora, a veces una simple sustitución del coordinador vuelve a disparar al alza las cifras de donantes. En ningún caso se trata de un fracaso. Es un recambio natural en el que las consideraciones personales quedan siempre relegadas en beneficio de la vida de mucha gente.