La caída de las donaciones y la oficina de cataluña

El número de candidatos a trasplante entre los enfermos renales aumentaba sin parar. La proliferación de los centros de diálisis convertía en nuevos candidatos a personas que antes simplemente hubieran fallecido durante la espera. Consecuentemente, crecía el número de candidatos sin que la oferta de donaciones lo hiciera en paralelo.

Así llegó 1987, el año en que precisamente cuando más necesario era un incremento de las donaciones, se produjo un descenso del 20% a nivel nacional, caída todavía mucho más marcada en Madrid, donde los trasplantes renales se redujeron en un 50%. La causa fue mitad un verdadero descenso de donantes, pero ciertamente, mitad también porque la apertura de nuevos centros de trasplante renal en otras comunidades desvió enfermos y órganos de Madrid a otros hospitales.

A ello se unió el hecho de que la aparición de otros trasplantes distintos al renal exigía una dinámica completamente distinta. Cataluña tomó las riendas. Desde allí se estableció una oficina donde convergían las llamadas de los hospitales que tenían donantes de hígado o corazón. En aquel centro estratégico se procedió a la distribución organizada de los órganos entre los equipos de trasplante y también se establecieron intercambios con el extranjero.