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La experiencia del “Spanish Model” ha demostrado sin embargo, que algunas circunstancias influyen muy favorablemente en los resultados finales de donación:

Vocación: la diferencia entre la actitud pasiva de quien está “a demanda”, y el empeño de quien se esfuerza al máximo por detectar cualquier donante potencial, explica casi siempre las discrepancias en los índices de donación entre hospitales o entre distintas zonas un país.

Médico intensivista: no es una cuestión de clasismo profesional y mucho menos infravaloración de otros profesionales sanitarios perfectamente capaces de llevar a cabo la tarea de coordinador. Estamos ante una cuestión de puro pragmatismo en beneficio de los pacientes. Los médicos intensivistas, por su trabajo habitual, son los que detectan de primera mano y sin necesidad de intermediarios los pacientes fallecidos en muerte cerebral y por tanto con ellos disminuye enormemente la posibilidad de perder potenciales donantes por no haberlos detectado en el momento oportuno. La conveniencia de que se trate de un médico y no de otro profesional sanitario, se explica por que solo así se puede establecer una relación igualitaria con los responsables de la UVI a la hora de discutir cada caso y poner en marcha el proceso, aunque en todas las fases posteriores se vea perfectamente secundado por el personal de enfermería.

Aptitudes personales: el tener que relacionarse con múltiples y variados profesionales, convierte en una necesidad que el coordinador esté dotado de ciertas habilidades diplomáticas y un don de gentes que le haga obviar los inevitables roces que se generan en el día a día de los hospitales, ya que en la mayoría suele haber mas de una unidad de intensivos entre las que no son infrecuentes las tiranteces. Aunque cualquier especialista puede tener estas dotes que le conviertan en un buen coordinador, lo cierto es que al no trabajar físicamente en la UVI acaba necesitando de un intermediario que hace más difícil el proceso.

Dedicación sólo a tiempo parcial: es este uno de los aspectos más característicos y también más controvertidos del modelo español, frente a la tendencia centroeuropea de convertir a la coordinación en profesión con dedicación exclusiva. Dos factores acreditan los buenos resultados españoles:

-Viabilidad económica: la dedicación parcial supone afrontar un plus económico en forma de complemento, localización o pago por acto médico, pero no tener que afrontar el coste total de un médico. Esto además puede rozar el límite de la ética, cuando se trata de hospitales pequeños donde el número de donantes pueden ser de 3 ó 4 al año.¿A que dedica entonces el coordinador con dedicación en exclusiva el resto de los días del año? Incluso en los grandes hospitales, los donantes generados pueden estar entre 20 y 30 al año, lo que tampoco justificaría una dedicación total salvo que las funciones de la coordinación derivasen hacia coordenadas que nada tienen que ver con las actualmente admitidas.

- Necesidad de recambio: la sobrecarga psicológica de este trabajo, implica la necesidad de recambios frecuentes en beneficio de las cifras de donantes. Existen ejemplos perfectamente documentados de descensos en los índices de donación de determinados hospitales que se corrigen de forma casi inmediata al cambiar de coordinador, algo que no es posible hacer cuando como ocurre en otros países, la coordinación ha pasado a ser casi una profesión de por vida. Ello ocurría en España sobre todo en los primeros tiempos, aunque modernamente el proceso de actualización continua en cuanto a formación ha permitido prolongar sensiblemente la vida media de los coordinadores. El hecho de haber mantenido inalterado su puesto hospitalario como intensivista, nefrólogo o cualquier otra especialidad hace que el cambio se pueda hacer sin excesivos problemas.

Dependencia de la dirección del hospital: en la mayoría de los países con un sistema “clásico” de trasplantes, los coordinadores dependen del jefe del equipo de trasplantes. El modelo español ha demostrado desde el principio las ventajas de que el coordinador de trasplantes sea un colaborador directo del director del hospital. La no dependencia jerárquica de los equipos de trasplante es fundamental. Paralelamente, es básico para entender el funcionamiento de este sistema que el coordinador tenga una dependencia funcional de la coordinación autonómica y nacional.

Procedencia: el grupo de médicos coordinadores suele dividirse fundamentalmente entre nefrólogos, como colectivo históricamente más interesado e involucrado en la donación de órganos, y los médicos intensivistas como grupo más cercano al lugar donde se generan las donaciones. Un tercer grupo estaría formado por especialidades muy diversas como anestesiología, cirugía o cualquier otra de tipo médico. En el momento actual, entre intensivistas y anestesiólogos representan el 77% de los coordinadores mientras que los nefrólogos son el 10% y el resto se reparte entre otras especialidades. Por lo que se refiere a las enfermeras, el 46% son de cuidados intensivos y el 16% de nefrología.
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