No todos valen para ser coordinador. Y los que valen, pueden no valer para siempre. Como todo en este mundo, el coordinador tiene también su ciclo de vida profesional. El final puede llegar, llega casi siempre de la mano del síndrome del 'coordinador quemado' o 'burn out' en terminología inglesa. Pero… ¿por qué se queman los coordinadores?
Resulta imposible expresar con palabras la dureza de tener que comunicar a unos familiares el fallecimiento de la madre, el hijo, un hermano… y después hablarles de la necesidad de donar los órganos. Son profesionales entrenados para hacerlo. El grado de entusiasmo y de preparación técnica con el que el coordinador afronta las entrevistas familiares determina que se disparen las cifras de donantes. Pero esto no anula la persona que hay dentro de cada profesional. Sienten, padecen, sufren como todo el mundo. Y cuando este proceso de enfrentarse a situaciones tan delicadas se repite unas cuantas decenas de veces al año, la sobrecarga psicológica que implica puede acabar sobrepasando al coordinador. A menudo, detrás de un descenso de donación en un hospital puede haberse producido uno de estos episodios que no revierten hasta que una nueva persona se hace cargo de la coordinación.
Bajo ningún concepto deben interpretarse estas situaciones como un fracaso. Debe ser por el contrario, un proceso de recambio natural en el que las consideraciones personales quedan relegadas en beneficio de la vida de mucha gente.